Esta noche la Orquesta Filarmónica de Montevideo (junto al coro del Sodre) estrenó en su repertorio la 9ª sinfonía de Beethoven. De las decenas de veces que la escuché en forma parcial o completa, esta fue la primera vez en vivo, y por lo tanto marca para mí la experiencia sonora por excelencia ya solo por ese hecho (y más cuando uno está justo por sobre la orquesta, como metido dentro de la gran masa sonora). Pero como agregado en forma muy especial cabe destacar que el sonido de la OFM fue soberbio, con un destaque especial para las cuerdas que cada vez están mejor ensambladas. Así de soberbio fue también el trabajo del director peruano David del Pino Klinge. La energía que puso sobre el escenario fue extraordinaria, la que hace falta para recrear a Beethoven, y nada menos que en su novena. En pocas palabras, -y más allá de algunos insignificantes detalles de algunos vientos que no vale la pena exponer-, lo de esta noche fue magnífico, memorable.





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