Siempre es un gusto escuchar a los jóvenes talentos de la Orquesta Juvenil del Sodre. Esta noche interpretaron la obertura de Tannhäuser de Richard Wagner (que resultó ser un duro desafío, sobretodo para las cuerdas), seguida del concierto para clarinete de Mozart y finalizando con la fantasía sinfónica Francesca de Rimini de Tchaicovsky. Esta vez el período de calentamiento demoró un poco más de lo habitual y hacia la mitad de la última obra (justo después de un desliz del director que casi hace tropezar toda la ejecución) se pudo apreciar a la orquesta en toda su sintonía.


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