Versos de un físico

Arte y Ciencia.
Versos de un Físico.
Los poemas de Enrique Loedel Palumbo.
Edición original de 1934 y versión corregida por Eduardo Loedel en 2016.


El 21 de marzo fue declarado por la UNESCO como Día Mundial de la Poesía y con esa excusa estoy compartiendo el libro de poemas de quien es considerado el primer físico uruguayo, Enrique Loedel Palumbo, incluyendo además por primera vez la versión corregida por su hijo Eduardo Loedel en el año 2016.

Enrique Loedel Palumbo nació en Montevideo, Uruguay, en 1901 y estudió física en la Universidad de La Plata donde se doctoró en 1925. Es conocido por sus influyentes libros Enseñanza de la Física (1949) y Física Relativista (1955), así como por los denominados "Diagramas de Loedel" utilizados en relatividad especial. Su veta poética es mucho menos conocida y es por eso que la estoy estoy divulgando en esta página como un homenaje al gran físico y educador.


La edición original de Versos de un Físico (que se puede apreciar en formato PDF), pertenece a un ejemplar encontrado y escaneado por Jorge Pullin en el año 2015, el cual incluye una dedicatoria a Niels Bohr firmada por Loedel (aunque no sabemos si eso significa que el libro estuvo en manos de Bohr alguna vez). De hecho fue gracias a este descubrimiento de Jorge Pullin que tomé conocimiento de la existencia de esta obra de Loedel.

.: Escaneo completo de la publicación original :.




La versión corregida que comparto más abajo en texto plano, pertenece a Eduardo Loedel, hijo del físico, quien en el año 2016 revisó detalles de tipeo de la publicación original. Agradezco especialmente a Eduardo por su paciencia y generosidad hacia la memoria y la obra de su padre.




.: Versión completa revisada y corregida por Eduardo Loedel, 2016 :.

VERSOS DE UN FÍSICO
ENRIQUE LOEDEL PALUMBO

FÍSICA Y RAZÓN VITAL

LA PLATA
TALLERES GRÁFICOS OLIVIERI Y DOMÍNGUEZ
Calle 4, 42 y 43
1934

Distribuidores:
LIBRERÍA ATENEA
Diag. 80 No. 1012
La Plata


ÍNDICE

Al lector

FÍSICA Y METAFISIQUEOS

Galileo
Newton
A Niels Bohr
La escala de la ciencia
Die Unwahrheit
El valor de la ciencia
Ciencia y técnica
Metafísicos
Superación del idealismo
Lógica vital
La intuición bergsoniana
Relatividad del tiempo
El tiempo
Dentro de cien años
El yo y el tiempo
Geometría
Radiotelefonía
Pequeñez
Diálogo subterráneo
La esperanza
El sueño
Morfina
La sopa y la entropía

RAZÓN VITAL

Una clase de Mecánica
Físico y rimador
Tu cabellera oscura
Mi archivo
La gata
El matón
A 90 por hora
Ofrenda
Mi soneto
Hertz mein Hertz
Esperando
Como antes
Así es
Remate
El potro
El código del amor

EL IMPERIO DE LA RIMA

El imperio de la rima
La rima del beso
A pedido
Capricho
Versión freudiana de un soneto místico
El eco
Mecanicismo

PÁGINAS EN BLANCO

Los juicios que se han de hacer
Fe de erratas




AL LECTOR

La burbujeante música de oro,
que siento resonar en mi interior,
ritmos vivientes del extraño coro,
de la ciencia, la vida y el amor,
en estas rimas quise traducir;
y hoy te confieso a ti, lector amigo,
que ante mis propios versos, yo me digo:
“¡Quién supiera escribir!”



FÍSICA Y METAFISIQUEOS


GALILEO

¿Por qué tu afán en demostrar que el cielo
no es el que gira a nuestro alrededor?
¿Qué importa la verdad, si es un consuelo
el pensar que del mundo el esplendor
es un simple homenaje a nuestro suelo?

¡Creer del sol, que es nuestro cortesano;
las estrellas, pupilas encendidas,
que tiemblan de respeto por lo humano,
al escribir en signos nuestras vidas
en la pizarra comba del arcano!

¡Creer que todo es nuestro lo de arriba,
que el universo mismo en su grandeza,
gravita en torno de la estirpe altiva,
que piensa que del cosmos la belleza,
la dignidad humana la motiva!
Mas tú no le perdones su simpleza,
le demuestras su error de perspectiva,
y conviertes de golpe a un soberano
en mísero gusano!

Yo no sé cómo pudo perdonarte
la Santa Inquisición;
su sagrado deber era quemarte,
en nombre de la eterna religión.

Debiste ser de un golpe aniquilado,
junto a tu obra, de sabor impío;
yo sin ti... hoy caería arrodillado,
balbuceando, ¡Dios mío!



NEWTON

Aprisionaste al universo en una
simplísima igualdad,
tuviste la osadía y la fortuna,
de hallar en el trayecto de la luna,
la acción de la pedestre gravedad.

La dignidad del cielo, se creía
asunto de una física especial:
en sus leyes, Keplero percibía
la celeste armonía
de un infinito armónium sideral.

La clave de ese órgano grandioso,
cuya divina música lejana
nos llega como un eco misterioso
de los planes del Todopoderoso...
tú la reduces a una cosa vana,
como es el caer de una manzana.



A NIELS BOHR

La música pitagórica
de las series espectrales,
como los ritmos fatales,
tú nos la muestras pletórica
de compases siderales.

Cabriolistas electrones,
habitantes solitarios (*)
de estados estacionarios,
son motivo de ecuaciones
de sistemas planetarios.

Más que simples mecanismos
tus átomos luminosos,
(clavicordios silenciosos)
son vivientes organismos
con vestigios prodigiosos.

Y entre lo vivo y lo inerte,
la línea demarcatoria,
para borrón de tu gloria,
parece que se convierte
en una línea ilusoria.

* Lo de “solitarios” va como traducción antropomórfica del principio de Pauli.



LA ESCALA DE LA CIENCIA

A Hiparco y a Copérnico maldigo
que del encanto han descorrido el velo,
la bóveda celeste era un abrigo
y nuestra tierra inmóvil... un consuelo.

Hoy es tan sólo un punto imperceptible,
prisionero del sol, mediocre estrella,
que siguiendo una ley inconmovible
surca el espacio sin dejar su huella.

Y en esa escueta pequeñez sin nombre,
estrechez sin medida, aterradora,
es donde lucha, sufre y sueña el hombre
y se inclina ante Dios... ¡y aun lo adora!

Por si aún todo esto fuera poco,
para frenar ensueño y fantasía,
Carlos Darwin, paciente como un loco,
nos escupe en el rostro su teoría.

Y actualmente es a Freud que soportamos
escarbando en la turbia subconciencia:
el hombre va cayendo por los tramos
de la implacable escala de la ciencia.

¡Maldita la verdad que nos aterra,
que no inquietó a mis cándidos abuelos,
que apoyados de hinojos en la tierra,
sus preces levantaban a los cielos!

¡Maldita la verdad que empequeñece
y que a aplacar la sed, tampoco alcanza!
¡Bendita la ignorancia que nos mece,
en el piélago azul de la esperanza!



DIE UNWAHRHEIT

(La no verdad)

“La medida del valor la da
la capacidad para soportar
la verdad”.
Nietzsche


Te denigran llamándote mentira,
te ensalzan si te llaman discreción,
en cambio siendo mito se te admira,
y te adoran si eres religión.

Tú das poder a toscos amuletos
y fuiste cuna de las bellas artes;
hallas alma en vestidos esqueletos
y la mano de Dios... en todas partes.

De ti se nutren sueño y fantasía:
¡Ubre grandiosa de sentires vagos
que amamanta con luz a la poesía
y llena el arca de los reyes magos!

¡Eres visión en boca del profeta,
dicha eterna en los labios de Jesús,
que nos señala la divina meta,
aún clavado en los brazos de su cruz!

Eres bella... mereces que te adoren
y que se corra tras de ti en pos
y que los hombres a tus plantas oren:
¡Alabado sea Dios!



EL VALOR DE LA CIENCIA

—¿Dónde está tu valor? —En mi belleza,
en el goce y deleite que provoco;
en eso estriba toda mi grandeza
pues la verdad, bien sé que vale poco.

—Mas tu hija, la técnica, es grandiosa;
¿quién hay que ante la misma no se asombre?
—Mi hija o mi entenada no es gran cosa,
pues no ha logrado hacer feliz al hombre.

—¿No consiste tu fin en la verdad,
la verdad a quien tú validez niegas?
—En eso pongo sólo mi crueldad,
¡tengo el valor de las tragedias griegas!



CIENCIA Y TÉCNICA

Quiso en remota edad un profesor
fabricar un modelo, con el cual
pudiérase explicar
el proceso sutil de la visión.

Tomó entonces de un tronco una tajada,
que era el iris de un ojo gigantesco;
con gran trabajo lo horadó en el centro
y tuvo la pupila diseñada,
por la cual, finalmente, hizo pasar
una robusta barra,
que era el rayo visual
que las cosas palpaba;
y como es natural... no explicó nada.

Mas de aquellos afanes, lo que queda
es el útil invento de la rueda.



METAFÍSICOS

Los metafísicos son músicos
sin aptitudes musicales.
R. Carnap

¡Oh vosotros, ilusos metafísicos,
caballeros andantes de la nada,
que cabalgáis en vuestra propia angustia
por campo de palabras!

Contra el “ser” y el “no ser” y lo “absoluto”,
que imagináis detrás de una muralla,
os suponéis en lucha formidable...
y lucháis con palabras.

De vuestros sueños es la Dulcinea
la “cosa en sí”... y a la intangible amada,
la coronáis en vuestra mente ardiente,
con tiara de palabras.

Despreciáis a la ciencia por sanchesca,
por ser ella verdugo de esperanzas.
y ocultáis las verdades dolorosas,
con manto de palabras.

Para salvar el insondable abismo
entre el yo y el no yo, que nos espanta,
apeláis a lo “óntico”, a la “idea”...
¡un puente de palabras!

Y buscáis un apoyo para el mundo
pues necesita algún sostén el alma,
y ese sostén es “Dios” “Razón” o “Vida”,
¡cimiento de palabras!

Pretendéis expresar lo inexpresable,
la pura cualidad, la esencia extraña,
que oculta la apariencia y que buscáis
con lupa de palabras!

Trascender lo sensible es vuestro objeto,
y conquistáis la ínsula lejana
derribando los muros sensoriales
a fuerza de palabras.

Don Quijote tomaba por gigantes
los molinos que a él lo derribaban,
y a vosotros os vence en la contienda
el son de las palabras.

Restos vivientes de una vieja estirpe
que lucha denodada... con la nada:
vuestras cenizas guardará el futuro,
en urna de palabras.



SUPERACIÓN DEL IDEALISMO

A Manuel García Morente


Por el Tiergarden de Berlín, un día,
pletórico de sol,
iban hablando de filosofía
un ceñudo alemán y un español.

—Lo óntico es la idea, repetía
el profundo alemán; —la cosa en sí,
lo mismo que el dolor y la alegría,
está dentro de mí.

—El acto de pensar es primordial,
el pensamiento es anterior al ser,
la idea es lo que es simple y esencial:
¡no pensar es no ser!

Hablando de esta suerte se encontraron,
en la puerta de una vieja posada,
con el famoso Heidegger y entraron
para tratar con él... ¡sobre la Nada!

Ubicados en torno de una mesa,
desarrugaron algún tanto el ceño,
al contemplar tres jarras de cerveza
de realidad o sueño.

Cuando la sed quedó en algo aplacada,
con la vista clavada,
en el fondo de su jarra vacía,
el insigne filósofo decía:
¡Oh la Nada, la angustia de la Nada!

El mozo que oyó eso de pasada,
en su pueril ingenuidad sanchesca,
tomó las jarras, les quitó la Nada,
y puso en su lugar cerveza fresca.

Ante los vasos llenos otra vez,
se olvidaron un tanto de la Nada,
tratando de saber qué es lo que es
la cosa en sí de la cerveza helada.

Y aguzando la vista
decía el idealista:

—Su color, su sabor y su frescura,
simples ideas de mi mente son,
pues pensar lo impensable es tal locura
que rechaza de plano la razón.

—Y si las cosas son, es porque pienso,
y el pensar está en mí, adentro mío,
él es simple, primario e inextenso:
¡el mundo es secreción de mi albedrío!

—Es del pensar que surge el existir.
A lo cual dijo el pensador hispano:
—¡Anterior al pensar es el vivir!
Y tomando la jarra con la mano,
al punto demostró su poderío,
bebiéndose, del otro, ¡el albedrío!

Y en un rincón de aquella sala oscura,
se discutió si era primordial,
la idea de razón, de razón pura,
o el firme acto de razón vital.

—Es la razón vital de que habla Ortega,
decía el español, con gran vivencia,
ella actúa en la cosa que se entrega,
ella es vida, que es ser y que es conciencia.

—El ámbito vital todo lo aduna,
él es el lecho de mi yo y el mundo,
fuera de él, no hay pensar ni cosa alguna:
la vida es lo primario y lo profundo.

—Vivir es hacer tiempo, proseguía,
es salir del pasado y del presente,
actualizar lo que de haber sería:
¡El tiempo es de la vida la corriente!

—A la pura razón, la Nada pura,
escapa como un fluido entre los dedos,
pues la Nada... no es nada en su finura,
y ella en la vida es pánico y es miedo!

Heidegger aprueba entusiasmado
y brinda entonces por García Morente:
el idealismo queda superado
por la Nada, la Vida y su corriente.
....................................

Mas debiendo vivir, o sea actuar,
se acercó el instante de pagar
y no alcanzaba la razón vital
la cifra numeral...

Y los tres pensadores preocupados
al observar la puerta custodiada,
y en sus bolsillos nada,
dijeron apenados:
¡Oh la angustia, la angustia de la Nada!



LÓGICA VITAL

Un hada me enseñó un día
lo que no puedo expresar:
lo triste de la alegría
la alegría del pesar;
y me hizo percibir
lo estático en el fluir,
el timbre de los colores
y el color de los sonidos:
lo que conversan las flores
del secreto de los nidos.

También pude vislumbrar,
del arte azul de vivir,
lo ilógico del pensar
y el encanto del sentir;
lo efímero de lo eterno,
lo eterno de lo fugaz,
lo infinito de lo interno...
¡la nada de lo demás!



LA INTUICIÓN BERGSONIANA

Pretende que es la llave misteriosa
que permite franquear lo relativo:
se introduce en la entraña de la cosa
y capta al absoluto fugitivo.

El noúmeno, por cierto bien esquivo,
no escapa a esa intuición, que poderosa,
tiene al óntico ser en sí cautivo,
como al perfume la fragante rosa.

La razón, que analiza y que diseca,
mata a la viva realidad cambiante
y es por eso que suena a cosa hueca.

Mas la intuición, que es simple y penetrante,
mostraría a las cosas tal cual son...
¡Eso al menos quisiera el corazón!



RELATIVIDAD DEL TIEMPO

Que el tiempo en dos sistemas diferentes
se deslice de un modo desigual,
podría parecer paradojal;
mas existen razones suficientes,

que esgrimidas por sabios diligentes,
con un lenguaje abstruso y especial,
demuestran, de manera harto cabal,
que son muchas, del tiempo, las corrientes.

Sin tomarme un trabajo desmedido,
prescindiré del cálculo aburrido,
y he de probar lo mismo en dos plumazos;

pues nos dice al respecto la experiencia,
que se alargan las horas de la ausencia,
mientras que vuelan con la amada en brazos.



EL TIEMPO

Todo pasa y se va; todo termina;
el tiempo desmorona lo que crea,
y sucumbe el presente a la marea
del porvenir que lo convierte en ruina.

Al igual que monstruosa guillotina
de cuchilla afilada que golpea,
en sus golpes certeros se chancea
de lo “eterno” y “divino” que extermina.

Tiene el mundo existencia perentoria
pues incesante todo se derrumba...
¡un sueño es el amor... y otro la gloria!

La vida se resuelve en vil escoria,
que rueda inevitable hacia la tumba,
de la que nadie ha de guardar memoria.



DENTRO DE CIEN AÑOS

Y dentro de cien años, otra vez,
la luna ha de brillar del mismo modo,
como la vemos hoy, e igual en todo
a lo que fue en los tiempos de Moisés.

Por los mismos senderos irán otros,
así también, unidos de las manos,
con su urdimbre de sueños. De nosotros,
ya habrán rendido cuenta los gusanos.

Todo cambia y es todo siempre igual;
parece el mundo eternamente quieto:
la cuarta dimensión es temporal
y se extiende del huevo al esqueleto.



EL YO Y EL TIEMPO

Hoy he vuelto a leer aquellos versos
que creo hace ya un siglo que escribí:
son copias instantáneas que tomaba
introvertido en mí.

No sentí al releerlos la emoción
que al juzgar por la fecha fue reciente:
los versos que leía no eran míos,
eran versos de otro, simplemente.

Viejísimos retratos en que cuesta
descubrir el más nimio parecido:
son recuerdos de sueños esfumados
y testigos de algo que se ha ido.

Inaprehensibles formas del pasado,
esculturas de humo vacilantes,
esqueletos vacíos que guardaron,
hace ya tiempo, entrañas palpitantes.

Un respeto pueril ante la muerte
me impide criticarlos con acierto,
pues en mi yo de ahora están guardados
los restos de otros yo, que ya se han muerto.

En la mudanza está el correr del tiempo,
sucesiones de yo... eso es la vida,
permanencia del ser... quimera vana:
¡El tiempo es sangre de una enorme herida!



GEOMETRÍA

La idea pitagórica hago mía,
de que todo se exprese por funciones,
pues del bien y del mal las ecuaciones,
es posible se integren algún día.

Un punto, nada más, es la alegría,
de los hiperespacios de emociones,
y el latir de los mismos corazones
es problema de abstrusa geometría.

En la vida la ruta que seguimos
es geodésica bien determinada,
desde el punto inicial en que surgimos,

hasta el postrer instante en que partimos,
retomando otra vez hacia la nada,
para de nuevo ser... lo que ya fuimos.



RADIOTELEFONÍA

En las chozas de remotas aldeas,
se colaban los genios y las hadas,
como bólidos, por las chimeneas,
o entrando por las puertas entornadas.

Hoy en cambio penetran por la antena,
y se presentan en el comedor,
aquel que dice que una marca es buena
y otro que afirma que es la de él mejor.

Con la varita mágica del dial
logramos que aparezca o que se esconda,
el genio envuelto en el sutil cendal,
en el cual, cada fibra, es una onda.



PEQUEÑEZ

El sol, como un deudo del día que muere,
con paso de entierro se acerca al confín:
su disco de fuego se hunde en el agua
y entinta las nubes de rojo carmín.

Más tarde las sombras ya cubren la tierra
con mantos enormes de negro crespón;
las olas orquestan en fúnebres notas
la música rara de extraña oración.

El alma penetran los tintes oscuros,
las mágicas luces del mágico altar,
y el aire y el viento y voces mezcladas
al acorde amargo del ruido del mar.

Se palpa el misterio; se siente en la duda
la angustia infinita de un vértigo astral,
y el yo suspendido entre el cielo y la tierra,
presiente el vacío de un hueco abismal.

Es todo tan grande, que el cuerpo se encoge,
sintiendo humillado su cruel pequeñez:
se rumia en silencio, el místico acíbar,
de la letanía del Eclesiastés.



DIÁLOGO SUBTERRÁNEO

—Yo fui antes un roble gigantesco
cuyo ramaje el viento acariciaba,
y el aire de la selva puro y fresco
con mis verdes pulmones respiraba.

La tierra generosa en que me hundía,
clavando mis raíces en el suelo,
me daba tal vigor y lozanía
que mis brazos llegaban hasta el cielo.

Y entonces yo tenía suspendidos
de mis ramas en flor, calientes nidos;
y la brisa confiábame el secreto

encerrado en el polen de las flores...
¡Y hoy me pudro, entre fétidos olores,
siendo cofre de un tétrico esqueleto!

—¡Oh tú! caja macabra que me humillas,
porque ves de estos huesos el montón,
has de saber que aquí entre mis costillas
yo tuve palpitando un corazón.

Por estos huecos de mi calavera
con mis ojos bebí luz a raudales,
palpé con ellos la estrellada esfera
y soñé con los lauros inmortales.

Y albergué entre mi cráneo al pensamiento,
y agitome la duda como el viento
agitaba tu copa estremecida;

mas de todos mis sueños ya lejanos,
se rieron a coro los gusanos,
al devorar mi carne corrompida.



LA ESPERANZA

Es, en la alquimia, el encomiable celo
que ha heredado la ciencia prodigiosa:
de aquélla, encontrar oro era su anhelo,
ésta busca el porqué de toda cosa.

Es el pilar donde la fe reposa,
y es alada mortaja que en su vuelo,
promete ha de llevarnos hasta el cielo
traspasando el abismo de la fosa.

Es el opio en los sueños del profeta
y del que corre tras la gloria en pos;
es canción en los labios del poeta

cuando se inclina ante el postrer adiós,
y es la ruta que lleva a cualquier meta,
ya que es la madre del sapiente Dios.



EL SUEÑO

Un cifrado mensaje del no ser,
un anticipo a la postrer llamada,
una leve caricia de la noche,
un anclaje en el puerto de la nada;

Un frenar en el tiempo, un detenerse:
paréntesis de sombras espaciales,
un saltar a través del infinito,
un flotar en vacíos abismales;

Un ensayo letal de la conciencia,
un resurgir de algo subterráneo,
aladas formas que se agitan, vuelan,
y traspasan la bóveda del cráneo;

Un rebotar del yo con las tinieblas,
contra el ser y el no ser, como un badajo,
un constante caer y una derrota
mientras triunfa lo que está debajo;

Un viraje en los lindes de la muerte,
una fuga del yo a región lejana,
que va, quien sabe adónde sin su dueño,
y regresa recién por la mañana,
cuando se acaba el sueño.



MORFINA

De la estrella y el átomo, igualmente distante,
el hombre, en su aislamiento, se ve en su pequeñez,
como si se encontrara sobre un puente colgante
con un abismo inmenso debajo de sus pies;

El futuro que aspira o el pasado que empuja
dan fuerza a la corriente del tiempo que se escurre,
y al sentirse arrastrado como simple burbuja,
para no deshacerse, a los mitos recurre.

Así aplaca su angustia, su sed de eternidad,
preparando con sueños la celeste morfina,
y es ella ¡oh envidiable y prístina ingenuidad!
la eucarística hostia de latines y harina.



LA SOPA Y LA ENTROPÍA

En su ignorar sin mancha de dos años,
ante un plato de sopa casi fría,
mi pequeño pretende que esperando
ha de irse la sopa calentando,
pues no le aflige en nada, todavía,
el que crezca sin tregua la entropía.

¡Y ojalá que por siempre lo ignorara!
¿Qué le importa saber que la energía
de tal y tal manera se degrada?
¿Para qué ha de saber que la entropía
no es más que un subrogado de la nada?

Preferible es vivir con alegría,
y esperar que la sopa, ingenuamente,
tan sólo con desearlo se caliente.




RAZÓN VITAL


UNA CLASE DE MECÁNICA

A Florencio Charola


De un profesor de árida materia
doy aquí un boceto de lección;
los puntos representan cosa seria,
con que aquél borroneaba el pizarrón.

En paréntesis va lo que pensaba,
escribiendo ecuación tras ecuación,
y entretanto en su mente se mezclaba,
lo mismo que en el verso, su emoción.

—“Supongamos se trate de un sistema
de puntos materiales vinculados”...
(Me interesan ya más que este problema
de mi alumna sus ojos adorados)

—“Debemos encontrar las ecuaciones
que permitan hallar la solución”...
(Al mirarla, ¡qué extrañas sensaciones!,
¡cómo siento el latir del corazón!)

—“Sistemas de ecuaciones generales
que dan al integrarse el movimiento”...
(Sus miradas, lo mismo que puñales,
hacen oscuro mi razonamiento).

—“Sólo en casos sencillos es posible
y empleando algún método apropiado”...
(Mi impaciencia ¡ay de mí! es tan terrible
que siento que me pongo colorado).

—“Las fórmulas así, de recurrencia,
muy fácil se deducen tramo a tramo”...
(La miro a mi pesar con insistencia,
perdido estoy... ¡ya sabe que la amo!)

—“Haremos enseguida un ejercicio
que ha de aclarar al punto la cuestión”...
(Advierto en su mirar algún indicio
de que ella no es ajena a mi emoción)

—“Los vínculos restringen el sistema,
en sus grados de entera libertad”...
(Igual, del todo igual que en mi problema;
¿Dónde ha ido, mi Dios, mi voluntad?)

—“Si ha quedado algún punto no muy claro
de nuevo explicaré: ¿Han comprendido?”
(Me temo, y no sería nada raro,
que todo lo pensado... ¡lo haya oído!)



FÍSICO Y RIMADOR

Yo divido mi existencia,
de físico y trovador,
entre el amor a la ciencia,
y la ciencia del amor.

Saboreo la emoción
de escudriñar el arcano,
aunque tengo el corazón
de un poeta sevillano.

De ecuaciones e integrales
dejo las páginas llenas,
mezcladas con madrigales
para rubias y morenas.

Y así vivo suspendido
entre átomos y estrellas,
mientras suspiro rendido
al pensar en todas ellas.

Las luces espectroscópicas
de los átomos pequeños
con las conquistas utópicas
se entremezclan en mis sueños.

Mas siempre ha de serme ignoto
lo etéreo y lo substancial
y tan lejano y remoto
como todo lo ideal.

Por eso es que siempre irán
tras la verdad muchos sabios
y no ha de hartarse Don Juan
de libar en tantos labios.



TU CABELLERA OSCURA

De tu cabello, en la maraña espesa,
hago la blanda almohada de mis sueños,
dejando que se hunda mi cabeza,
en la fronda apacible de tibieza,
de tus bucles oscuros y sedeños.

En tus rizos se enreda el alma mía,
y se agita, se exalta y se consume,
al proyectarte en la pared sombría,
por magia de mi propia fantasía,
que aspira a pulmón lleno tu perfume.

¡Oh, el perfume embriagador que evoca
mi recuerdo, prendido a tus cabellos,
cuando juntos mis labios con tu boca,
la llama del amor que nos sofoca,
vierte en los ojos vívidos destellos!

¡Tu cabellera! Selva perfumada
y templo azul de mis paganos credos;
oasis de mi alma apasionada,
donde se agitan en visión dorada,
como serpientes, mis crispados dedos.

¡Oh mágica visión! Se me figura
un encrespado mar sobre tu frente,
que encierra en sus entrañas mi ventura,
y así naufrago en tu melena oscura,
como el sol en los mares de occidente.

Y al hundirme en el ébano agitado,
los coágulos de noche de tus rizos,
inyectan en mi pecho atormentado,
la droga que en mi mente se ha filtrado
con sangre de tus íntimos hechizos.



MI ARCHIVO

En mi archivo de amor, guardo anotadas,
de mis amadas bellas,
caricias prodigadas,
bajo la tibia luz de las estrellas.

Guardo el rubor de púdicas mejillas,
que encendieron de pronto mis miradas,
lanzadas a hurtadillas,
como flechas de amor envenenadas.

Por el beso robado,
en la incitante nuca alabastrina,
sé de ese raro frío propagado
como el cimbrar en caña de la China.

Guardo también lamentos y sollozos
de adioses y partidas,
confesiones de labios temblorosos
y lágrimas sinceras o mentidas.

¡De cuántas he sentido el blando peso
temblando en mis rodillas;
Y en mi archivo se anota el beso impreso,
por debajo de sedas y espumillas!

¡Ah, los recuerdos, para siempre gratos,
de mi collar de amores,
en que enhebro vibrantes arrebatos
con la luz de discretos veladores!

Bellas andanzas mías que se suman,
a la serie de glorias de Citeres,
que mi vida perfuman
con esencia de rosas y mujeres!



LA GATA

Ondulante mi gata se pasea
con la gracia y la sal de una española,
por momentos se estira y contonea,
enarbolando su sedosa cola.

Se detiene, se enarca y se menea,
al pasar por mi lado; y al rozarme,
con sus ojos me muestra que desea
con un raro fervor acariciarme.

No sé por qué, mas siento un sobresalto
por el fulgor de su mirada extraña;
su piel se eriza, y en cimbreante salto,
queriendo o sin querer, ella me araña.

La aparto resignado de mi lado
sabiendo que muy pronto ha de volver,
pues mi gata tan sólo me ha arañado
con el fin de mostrarme que es mujer.

(Conclusiones así, torpes e ingratas,
exigen trazos de mi fe de erratas)



EL MATÓN

Es rey de los arrabales
y terror de sus iguales
su puñal,
da por ofrenda sagrada
rosa con sangre manchada
del rival.

Desprecia de cien facones,
que esgrimen otros matones,
el poder,
para tener luego en pago,
una sonrisa de halago,
de mujer.

Con la daga en la cintura
va propagando pavura
sin igual,
recibiendo el homenaje,
que le rinde el compadraje,
de arrabal.

Cuando se quiebran las sillas,
y relumbran las cuchillas
por doquier,
y del balear los silbidos,
son ahogados por aullidos
de mujer;

Cuando vuelan las botellas,
mezclando en sangre las huellas
del licor,
y alumbran los fogonazos,
a los encrispados brazos
de furor;

Cuando el miedo sobrecoge
y hasta el más bravo se encoge...
¡es de ver,
del gran matón la osadía,
que al peligro desafía,
con placer!

Va buscando en la reyerta
alguna válvula abierta
al dolor,
que guarda, hondo, escondido,
por no haber dado al olvido,
un amor.

Por eso ronda a la muerte
buscando tener la suerte
de encontrar,
alguna piadosa daga
que al bravo matón le haga
olvidar.

Y así ostenta un gran valor,
para ocultar el temor
de pensar,
en aquellos ojos claros,
que provocan deseos raros
de llorar...

¡El matón de sangre ardiente,
el más guapo, el más valiente
del lugar,
el que a los hombres se impone,
al ver su reja se pone
como un cobarde a temblar!



A 90 POR HORA

Una mano en el volante,
y en su falda tentadora,
la otra mano, que anhelante,
procura, como el rodante,
¡ir a noventa por hora!

Una curva en el camino,
una maniobra acertada,
hecha con tacto ladino,
y que demuestra gran tino,
al pasar la encrucijada.

Una parada oportuna
a mitad de recorrido,
pese a lo cual, por fortuna,
de esto es testigo la luna,
diose el viaje por concluido.



OFRENDA

Es tu sangre del África candente
y tu alma del Asia soñadora,
y el cabello que cae sobre tu frente
es un trozo de noche del Oriente
igual que tu mirada mecedora.

El amor de cien príncipes galantes
podrías despertar a tus antojos,
y un rebaño de blancos elefantes,
con su carga de perlas y diamantes,
un Rajá te enviaría... ¡por tus ojos!

En palacios, rodeados de jardines,
entre piedras preciosas y entre flores,
custodiada por albos serafines,
tendrías, sobre un lecho de jazmines,
rogando a tu señor, por tus amores.

Yo que no tengo perlas ni diamantes,
ni palacios alzados entre flores,
ni rebaños de blancos elefantes,
busco en cambio palabras resonantes,
para poder cantarte mis amores.

Entretejo con rimas la corona,
que ha de ceñir tu frente soberana,
y salpico tu manto de madona
con los trinados cánticos que entona
la alondra al despuntar de la mañana.

Por custodias, en vez de serafines,
tu tendrás a mis celos desatados
como jauría hambrienta de mastines;
y ha de tener tu reino en sus confines
por muros, mis deseos alocados.

En la selva de ensueño, dilatada,
donde juegan los pájaros traviesos,
tendrás tus ilusiones por almohada
y calzarás tus pies, mi dulce amada,
en sandalias que forme con mis besos.

Si te acucia la sed, iré a la fuente,
y beberás el agua de mi mano,
mientras dice sus rimas el torrente,
y se siente pletórico el ambiente
del eterno perfume del manzano.



MI SONETO

Soneto que le envío, mensajero,
de mis ansias sin par por contemplarla,
del frenesí que siento al recordarla,
de todo lo que sueño y lo que espero.

Dile quedo al oído que me muero
de indecibles deseos de besarla,
que esperando el momento de abrazarla
contra el rodar del tiempo, desespero.

Dile al fin que en la ausencia siento frío,
que tengo helado al corazón deshecho,
que late aún porque en su amor confío.

Y si al saber por ti, cuanto yo ansío,
te premiara albergándote en su pecho,
di que quiero ser tú ¡soneto mío!



HERTZ, MEIN HERTZ

Hertz, mein Hertz, was soll das geben?
Was bedraenget dich so sehr?
Welch ein fremdes neues leben!
Ich erkenne dich nicht mehr,
Weg ist alles, was du liebtest,

Weg, warum du dich betrübtest
Weg, deim Fleiss und deine Ruh —
Ach, wie kamst du nur dazu!
GOETHE


¡Corazón, corazón mío!...
¿Qué será lo que tendrás?
¿Será un nuevo desvarío?
¡Lates ya con tanto brío
que no te conozco más!

Lo que hasta ayer has amado
con amor ardiente y tierno...
¿Tan pronto lo has olvidado?
¿Cómo te has engañado
creyendo al amor eterno?

Ya siento que no palpitas
con ritmo desenfrenado
al acudir a sus citas...
¡y ya de nuevo te agitas
por otro amor exaltado!

¡Corazón! Abeja loca,
que salta de flor en flor
y que ansiosa se sofoca
probando de boca en boca,
de cada miel su dulzor.

Donde hoy, por azar, te posas
mañana ya se te olvida,
y ni un momento reposas,
por buscar en nuevas rosas,
nueva savia y nueva vida.

¡Corazón! Si en el vaivén
de tu ritmo está tu sino,
en ello no hay mal ni bien,
pues al cambiar de sostén,
vas cumpliendo tu destino.



ESPERANDO

Ya se acerca el momento tan deseado,
en que juntas tus manos con las mías,
susurraré en tu oído poesías
que tu amor me dictó... y yo he copiado.

El presente será pronto pasado
y las horas de ausencia, tan vacías,
paso han de dar a los soñados días
en que de nuevo te tendré a mi lado.

Ya pienso con deleite en tus sonrojos,
provocados por súplicas vibrantes
y el contagioso ardor de mis arrojos;

Y espero, que del fondo de tus ojos,
me dirán, tus miradas penetrantes,
del ansia oculta de tus labios rojos.



COMO ANTES

Al correr de las horas, impaciente,
mi recuerdo contigo juguetea
y tu imagen sutil revolotea
en los límites breves de mi frente.

Hacia afuera proyéctote, inconsciente,
sintiendo que tu cuerpo me rodea,
y no puedo creer que todo sea,
un sueño que ha fugado de mi mente.

Y cerrando mis ojos anhelantes,
que han bebido sedientos tu belleza,
me embriago con tus formas inquietantes;

Y son tantas mis ansias desbordantes,
tanto el ardor de mi febril cabeza,
que en mis sueños, te beso como antes.



ASÍ ES

De lo que pudo haber sido,
de todo lo presentido
que no fue,
queda un vago sedimento
y es la pérdida que siento,
de mi fe.

Lo que tanto me aquejaba,
lo que tembloroso ansiaba
con fervor,
hoy me deja indiferente
pues se ha secado la fuente
de mi amor.

Y ya ni mentirte puedo;
ni siquiera me da miedo
mi impiedad;
pero eso sí, yo quisiera,
que esta confesión no fuera
la verdad.

¿Por qué al presente no alcanza
aquella dulce esperanza
que hasta ayer
inquietó al corazón mismo
con el mágico espejismo
del placer?

¿Por qué es que en mis ansias muertas
hasta se cierran las puertas
del dolor?

La sinrazón angustiosa,
ya se la dio a Blanca Rosa,
Campoamor.

Hoy tomo por un mareo
lo que fue un vivo deseo
que pasó,
y así me engaño a mí mismo,
porque me asusta el abismo
de mi yo.

Sin razón alguna amamos,
y tarde o pronto olvidamos
porque sí;
sin por qué al mundo venimos,
sin ningún por qué vivimos:
es así.
¡Y así también nos morimos!



REMATE

Un gran remate, señora,
de un corazón palpitante:
tan claro como el diamante,
tan puro como la aurora.

¡Un gran remate señora!

Es preciso darse prisa:
Todo diamante encendido
queda pronto reducido
a vapores sin ceniza.
¡Es preciso darse prisa!

Su brillo es breve, verdad;
mas os dará condensada,
en solo una llamarada,
la luz de una eternidad;
y después... ¡ay! humo y nada.
Si os animáis, ofertad:
lo doy por una mirada.



EL POTRO

Por el confín abierto,
suena como una marcha en la llanura,
la carrera del potro del desierto,
que no conoce freno ni atadura.

Su crin al viento ondea,
cuando airoso, por la asoleada pampa,
con sus cascos el suelo martillea,
paseando ufano su gallarda estampa.

De los campos es rey
y es sultán soberano en muchas leguas,
donde impone magnífico su ley
con que protege a sus queridas yeguas.

Es libre y es dichoso,
su voluntad no reconoce trabas,
y a su relincho agudo y anheloso
acuden sus amantes como esclavas.

Por su altiva postura,
por su marcial galope retumbante,
por no admitir ninguna ligadura,
es símbolo de un símbolo triunfante:
Ex libris de una vida exuberante.



EL CÓDIGO DEL AMOR

Yo pienso que así fue: en un mal día,
unos viejos soberbios y achacosos,
reumáticos, gruñones y envidiosos,
que de la muerte hollaban el umbral,
celebrar decidieron con gran pompa
una magna y ridícula asamblea
que nos legó la indigerible oblea,
que es, del amor, el código moral.

Ese risible código prohíbe
lo que el imperio de natura ordena,
y forma con absurdos la cadena
que los hombres arrastran con horror,
al sentirse en la vida prisioneros,
mientras libre es el pájaro que juega
y hasta la inmóvil planta, cuando entrega,
al viento el polen, de su sexo en flor.

Es más feliz la fiera, que en el bosque
tiene guarida en lóbrega caverna,
que el hombre, cuando ingenuo, se prosterna
al tabú que ha heredado, en sumisión,
que no impidiendo nada, en su impotencia,
es lo mismo que un perro encadenado,
ladrando a las estrellas que es pecado
la ley universal de la atracción.

¡Llanto inútil en vano derramado
por culpa de ese código maldito,
que oprime como un bloque de granito
a la pobre y cansada humanidad,
que se arrastra debajo de la piedra,
sobre el húmedo suelo, sucio y frío,
en lugar de volar a su albedrío
y hacer suya la azul inmensidad!

II

Por aquellos que el código respetan,
por la virgen auténtica que llora,
por la soltera que un marido implora
rezando a San Antonio en un rincón;
por los que viven sin vivir la vida,
por el sediento insano que no osa
beber de la corriente rumorosa,
¡yo quiero pronunciar una oración!

Por los otros, imbéciles, que sienten,
al aplacar su sed remordimientos
que muerden como perros macilentos
la carne de su propio corazón;
por los que viven penduleando siempre,
entre el instinto sano y el prejuicio.
por los que truecan el amor en vicio,
¡he de hacer que se eleve mi oración!

Por el débil que lucha vanamente
entre barrotes que romper quisiera,
por aquellos que en plena primavera
se pudren en sarcástica prisión;
por la niña a quien “cuida” su familia,
y que ignora la causa de su hastío,
por la princesa triste de Darío,
¡también he de decir una oración!

Por la pléyade enorme de suicidas
que sacrifica la moral caótica,
por la mujer romántica y neurótica
que muere de una incógnita aflicción;
por todas las rameras de este mundo,
productos de ese código perverso,
por el dolor que inunda el universo,
de rodillas, ¡pronuncio mi oración!




EL IMPERIO DE LA RIMA


EL IMPERIO DE LA RIMA

¿Por qué siempre una princesa
tiene la boca de fresa,
y en las aguas de los lagos
se espejan los sueños vagos?

¿Por qué bajo el laurel verde
la boca del fauno muerde,
y en una apartada orilla
más clara la luna brilla?

¿Quién conoce un arrebol
que no lo produzca el sol,
y cuándo falta en la cruz
algún rayito de luz?

En castellano el amor
va seguido de dolor,
y en alemán es Schmertz
la consonante de Hertz;
y así en todos los idiomas,
en las Cartagos y Romas,
no puede haber quien se exima
del imperio de la rima.



LA RIMA DEL BESO

Cuando el poeta sueña con los ojos
que de su amada expresan el encanto,
vuela a llevarle su preciado canto,
que por la rima, ha de decir de hinojos.

Bajo sus plantas pone su quebranto,
conmovido le canta a sus sonrojos,
a sus cabellos y a sus labios rojos,
y otra vez por la rima... rompe en llanto.

Entonces siente al corazón opreso,
y si lo siente así es porque quiere
la delicia rimada de su beso.

Y aquí la consonancia le sugiere
que siempre que dos bocas se aproximan
los besos con el embeleso riman.



A PEDIDO

Como Violante pides un soneto,
como Lope no sé lo que decir,
sin embargo dispóngome a escribir
y al azar ha surgido este cuarteto.

Sin duda alguna que me tiene inquieto
no saber cómo debo proseguir
mas si logro a este verso otro añadir,
podré empezar con el primer terceto.

Y es claro que lo empiezo preocupado,
más que nada preocúpame el final,
que ha de estar, más que todo, bien rimado.

Y al último terceto ya he llegado,
y júzguense mis versos bien o mal,
ya tienes tu soneto terminado.



CAPRICHO (1, 2, 3, ... 14)

Aquí va de un soneto el primer verso,
y después del primero va el segundo,
al cual sigue el tercero sin esfuerzo
y este es el cuarto, que se asoma al mundo.

El quinto es el de aquí, si no confundo,
le sigue el sexto sin ningún retuerzo,
y el séptimo ya va, rugoso o terso,
seguido del octavo que es fecundo;

Pues de él surge el noveno bien plantado,
y el décimo perfila ya el boceto
al poner al undécimo a su lado.

Sea por fin el duodécimo loado
y el decimotercero del soneto
que en el decimocuarto, se ha acabado.



VERSIÓN FREUDIANA DE UN
SONETO MÍSTICO

No me mueve, mi amor, para quererte,
el cielo que me tengo prometido,
el que oculta, con celo, tu vestido,
y al que habré de llegar... si tengo suerte.

Tú me mueves, mi bien, muéveme el verte
balanceando tu cuerpo apetecido,
como fruto en sazón; y ni dormido,
me dejan los temores de perderte.

Muéveme en fin tu amor, y en tal manera,
que aunque no fueras bella igual te amara
y hasta el infierno mismo te siguiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
mas si aquello que espero, no esperara,
algo menos, sin duda, te quisiera.



EL ECO

Yo soy la sombra de un sonido... ido,
repiqueteo de un pasado incierto...
cierto rumor agónico derruido...
ruido que es hijo, de un premuerto... muerto.

Entre las ondas causo desacierto...
acierto y tengo a lo que ha sido... asido;
entre idas y vueltas me divierto...
vierto maltrechas notas al oído...

Id o volved por laberinto odioso...
oso seguiros sin ningún reposo...
poso en los huecos, soy como cascada...

Cada rincón tiene el poder de hablarte...
arte complejo que mi magia imparte...
parte y lleva, desafinada, ... ¡nada!



MECANICISMO

He aquí el problema que me ocupa:
encontrar la ecuación
del sistema mecánico que forma
mi propio corazón.

Los símbolos a usarse indicaré
como hacerlo se suele,
y así designo la energía con E
y su parte cinética con L.

A la fuerza exterior, la llamo A,
que perturba el sistema con su acción,
acción que, como luego se verá,
consiste en una fuerza de atracción.

Dicha fuerza no admite un potencial
pues depende el trabajo del camino
y es del tiempo función exponencial:
crece o decrece al parecer sin tino.

Sin que ello implique que el rigor extreme
debo ubicar en el espacio al yo:
a su masa inercial la llamo M
y su centro supongo que está en O.

Es menester por fin que considere
la fuerza resistente en mi ecuación,
por lo suave, desígnola con (ere) R,
y tengo, si no ya la solución,
por lo menos el nombre de la esencia
de infinita potencia
que consume, al andar, mi corazón.




PÁGINAS EN BLANCO


LOS JUICIOS QUE SE HAN
DE HACER

De estos versos que escribí,
porque sí,
han de decir, ¡ay de mí!,
lo que en dos líneas resumo,
y que, sin dudar, presumo
será así:

Mi madre, que son geniales;
mi mujer, desfachatados;
mis colegas, alocados;
y mis amigos, triviales.
En cambio yo... Kolosales.



FE DE ERRATAS

Aquí tienes, lector, todo un renglón de comas:
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,
si notaras que faltan, de este lugar las tomas.

He de agregar, también, una línea de acentos:
```````````````````````````````````
Espero, de este modo, que no habrá descontentos.

Con estos trazos gruesos, tacharás a tu agrado:
/ / / / / / / / / / / / / / / / / / / / / / / /
Aunque lo taches todo, me tiene sin cuidado.

Y dispondrá, por fin, el lector del folleto,
para hacer correcciones, de un surtido alfabeto:

Aa Bb Cc Chch Dd Ee Ff Gg Hh Ii
Jj Kk Ll Llll Mm Nn Ññ Oo Pp Qq
Rr Ss Tt Uu Vv Ww Xx Yy Zz.


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