Centenario Bernstein, maestro de maestros

Leonard Bernstein, nacido el 25 de agosto de 1918 en Estados Unidos, fue un maravilloso compositor, director de orquesta y educador. Sin lugar a dudas una de las figuras más influyente de la música académica del siglo XX.

Es imposible acotar en una simple nota la múltiple diversidad en la vida de un artista. Mucho menos si ese artista tuvo el alcance y la profundidad de quien nos convoca en esta oportunidad. Aun así, con intención de recordarlo y celebrarlo en el centenario de su nacimiento, comparto aquí algunos momentos de su carrera, apenas a modo de ejemplos fugaces de una vida infinita, que muestran su inigualable personalidad y sus increíbles virtudes como educador, director y compositor:





1. Bernstein didacta: "Concierto sinfónico para jóvenes" (video)
Bernstein explica las diferentes funciones de las secciones orquestales y el significado de los diferentes temas de las obras musicales en "The Anatomy of a Symphony Orchestra": Concierto didáctico presentando Los pinos de Roma, de Ottorino Respighi, en el Lincoln Center, al frente de la Orquesta Filarmónica de New York.


2. Bernstein director: "Quinto concierto para piano y orquesta de Beethoven" (video)
Bernstein al frente de la Filarmónica de Viena, en setiembre de 1989, con Krystian Zimerman como solista, en una de las mejores versiones, de uno de los mayores conciertos para piano de todos los tiempos.


3. Bernstein genial: "Bernstein versus Gould" (texto + video)
Antes de un concierto, Bernstein explica al auditorio por qué no renunció y en cambio terminó aceptando como solista a Glenn Gould (uno de los pianistas más brillantes de su generación), siendo que habían terminado discrepando seriamente sobre el concepto interpretativo del primer concierto para piano de Brahms. Esa presentación es simplemente una lección de grandeza artística y respeto entre genios. New York Philharmonic, 6 de abril de 1962.


4. Bernstein maestro: "The unanswered Question" (La pregunta sin respuesta) (6 video)
Serie de conferencias de Bernstein en la Universidad de Harvard en 1963.
Esta asombrosa serie educativa (que no debe confundirse con la obra homónima del compositor Charles Ives) es una descripción interdisciplinaria acerca de la evolución de la música europa occidental, desde Bach hasta la crisis del siglo XX y un poco más. Bernstein utiliza la lingüística Chomskiana para proporcionar un marco que ilustre cómo la música y todas las artes evolucionaron hacia niveles cada vez mayores de ambigüedad y expresividad.
  • 1 Musical Phonology (Fonología: el estudio del sonido)
  • 2 Musical Syntax (Sintaxis: el estudio de la estructura)
  • 3 Musical Semantics (Semántica: el estudio del significado)
  • 4 The Delights & Dangers of Ambiguity (Ambigüedad tonal)
  • 5 The XXth Century Crisis (La crisis del siglo XX)
  • 6 The Poetry Of Earth (La poesía de la Tierra: la tonalidad)

5. Bernstein biográfico: "Enseñando y aprendiendo" (video)
Una biografía sobre la carrera musical del maestro, mostrando sus concepción del director de orquesta y cómo se preparaba y ensayaba para cada concierto.


6. Bernstein divulgador: El pájaro de fuego, de Igor Stravinsky (video)
Aquí Bernstein, como director artístico de la New York Philarmonic, invita al compositor de El pájaro de Fuego, Igor Stravinsky, para que sea él mismo quien dirija la orquesta. Y en la presentación se encarga de aclarar la importancia de ese momento. Con plena conciencia y perspectiva histórica, señala la dificultad de los artistas del presente para recrear las obras del pasado. Que por mucho que nos esforcemos nunca sabremos cómo sonaba exactamente, por ejemplo, la orquesta dirigida por Beethoven. En cambio ahora, señala, con los medios técnicos disponibles, la posteridad podrá contar con el registro de los grandes artistas de su pasado. New York Philharmonic, 31 de enero de 1960.


7. Bernstein compositor: West Side Story (video)
Un fragmento con las danzas sinfónicas de una de las obras más célebres de su carrera como compositor. Israel Philharmonic Orchestra, Osaka, 1985.


8. Bernstein irracional: ¿Por qué Beethoven? (texto)
Del capítulo "Why Beethoven?",de su libro The Joy of Music, de 1961. Un singular relato en el que Bernstein reflexiona con un ficticio Poeta Lírico sobre la dificultad para racionalizar la sensible grandeza de la música de Beethoven.


Finalmente, una extensa recorrida por su vida se puede encontrar en el sitio dedicado al centenario del maestro: https://leonardbernstein.com/at100



1. Bernstein didacta: "Concierto sinfónico para jóvenes"





2. Bernstein director: "Quinto concierto para piano y orquesta de Beethoven"





3. Bernstein genail: "Bernstein versus Gould"

"No se asusten, el Sr. Gould está aquí. Aparecerá en un momento. Como ustedes saben, no tengo la costumbre de hablar antes de un concierto, excepto en los avances de los jueves por la noche, pero una situación curiosa ha surgido, que merece, creo, una o dos palabras. Están a punto de escuchar una interpretación que podríamos calificar como poco ortodoxa, del Concierto en Re menor de Brahms, una interpretación claramente diferente de cualquiera que haya escuchado o incluso soñado, con sus tiempos notablemente amplios y sus frecuentes desviaciones de las indicaciones dinámicas dadas por Brahms. No puedo decir que esté totalmente de acuerdo con este concepto del Sr. Gould y esto plantea la interesante pregunta: "¿Qué estoy haciendo al dirigirlo?" Lo estoy dirigiendo porque el señor Gould es un artista tan importante y valedero que debo tomar seriamente todo lo que conciba de buena fe y su concepto es lo suficientemente interesante como para sentir que ustedes también deberían escucharlo.
Pero la vieja pregunta todavía permanece: "En un concierto, ¿quién es el jefe, el solista o el director?" La respuesta es, por supuesto, a veces uno, a veces el otro, dependiendo de las personas involucradas. Pero casi siempre, los dos logran unirse por persuasión o encanto o incluso amenazas para lograr una interpretación unificada. Solo una vez en mi vida tuve que someterme al concepto completamente nuevo e incompatible de un solista y esa fue la última vez que acompañé al Sr. Gould. Pero esta vez las discrepancias entre nuestros puntos de vista son tan grandes que siento que debo hacer esta pequeña aclaración. Entonces, para repetir la pregunta, ¿por qué lo estoy dirigiendo? ¿Por qué no hago un pequeño escándalo: conseguir un solista sustituto o dejar que un asistente dirija? Porque estoy fascinado, encantado de tener la oportunidad de tener un nuevo enfoque sobre esta obra tan conocida. Porque, además, hay momentos en la actuación del Sr. Gould que surgen con asombrosa frescura y convicción. En tercer lugar, porque todos podemos aprender algo de este artista extraordinario, que es un intérprete inteligente y finalmente porque hay en la música lo que Dimitri Mitropoulos solía llamar "el elemento deportivo", ese factor de curiosidad, aventura, experimento y yo les aseguro que esta semana ha sido una aventura colaborar con el Sr. Gould en este concierto de Brahms y es en ese espíritu de aventura que ahora lo presentamos ante ustedes."




4. Bernstein maestro: "The unanswered Question" (La pregunta sin respuesta)















5. Bernstein biográfico: "Enseñando y aprendiendo"





6. Bernstein divulgador: El pájaro de fuego, de Igor Stravinsky




7. Bernstein compositor: West Side Story





8. Bernstein irracional: ¿Por qué Beethoven?

(En un punto cualquiera de Nuevo México. Tres hombres en un automóvil, a velocidad desenfrenada, con rumbo desconocido: tal vez las Montañas Locas, Puerto Picasso o algo así. Mi Hermano Menor, 16 años, buen conductor, experto en Física atómica, va al volante, firmemente decidido a adelantar a todos los coches que encuentre. A mi izquierda, un Poeta Lírico que, muerto de miedo y en silencio, no ve la hora del final del viaje: quisiera vivir al menos hasta haber terminado el libro que está trabajando. Poeta Lírico es un poeta «Master» de Inglaterra y uno de esos hombres inverosímiles continuamente enredados en la política, el amor, la música y las actividades benéficas; pero que, a pesar de su patente éxito, se encuentran con frecuencia desarmados ante las cosas más sencillas. A P. L. le gustan los enigmas, lo mismo cuando habla que cuando calla.

P. L. (Con fingida ecuanimidad):
Mi querido H. M., abrigo el callado temor de que haya olvidado Ud. que el reventón de rueda de ayer fue producido precisamente por esta manera de conducir en la que está Ud. ahora reincidiendo.

H. M.
Tres veces «que» habría que evitarlo a ser posible.
(Es lo suficientemente sensato para reducir la velocidad. Claro que sólo muy poco a poco, para no dar la impresión de ceder. Pocas cosas impresionan a H. M.; pero a pesar de todo, frente a un enigma no está del todo seguro. Transcurren algunos minutos en pacífico silencio; luego, el P. L., algo más tranquilo ya, se acoge al tema preferido de todos los excursionistas, es decir, el paisaje.)

P. L.
Esas montañas son puro Beethoven.

(Pasan cinco minutos sin que ocurra nada, en los que P. L. saborea su bonita comparación, H. M. rabia por la limitación de velocidad y yo me pregunto por qué sólo las cabezas literarias relacionan la música con las montañas, el mar y otras manifestaciones de la naturaleza.)

P. L.
Puro Beethoven.

L. B. (Dejando de pensar):
Yo había pensado pasar por alto su observación. Pero puesto que Ud. insiste decididamente en ella, no me queda más remedio que preguntarle: ¿Por qué demonios cada collado le recuerda a cada escritor a Ludwig van Beethoven, cuando en el mundo hay millares de montañas, es decir, lo menos cien para cada compositor?

P. L.
Me deja Ud. desconcertado. Yo hubiera creído que mi comparación le halagaría. Pero dejando esto aparte, esas montañas majestuosas y abruptas me recuerdan realmente a Beethoven.

L. B.
¿Qué sinfonía?

P. L.
Ud. bromea. ¿Es que quiere Ud. decir que no encuentra ninguna relación entre este paisaje y la música de Beethoven?

L. B.
Sí, sí, ya lo creo, y con la de Bach, Stravinsky y Sibelius y Wagner y Raff; de manera que ¿por qué Beethoven? '

P. L.
Y ¿por qué no?, como preguntaba el gusano de «Alicia en el País de las Maravillas».

L. B.
Bueno, bromas aparte, P. L. Por lo que me acuerdo, Beethoven es el primero que se le ocurre a todo el mundo en cuanto se habla de música seria. Si tengo que dar un concierto de inauguración de temporada, lo indicado es generalmente sólo Beethoven. Si se entra en una sala de conciertos, decorada con un friso donde figuran los nombres de todos los grandes, su busto es el primero que salta a la vista. Es el mayor, el más bonito y todo dorado. Si estudia uno la idea de un festival de orquesta, es seguro como la muerte que se acaba en un festival de Beethoven. ¿Y cuál es el último grito entre los jóvenes compositores neoclasicistas? Neo-Beethoven! ¿Y cuál es el Alfa y el Omega de cualquier concierto de piano? Una sonata de Beethoven. ¿Y de un concierto de música de cámara? El opus 100, etc. ¿Y qué música se ha tocado en honor de nuestros caídos? La Heroica. ¿Y qué música tocamos el día de la victoria? La Quinta. ¿Y qué es lo indicado en todo concierto de las Naciones Unidas? La Novena. ¿Y en qué consiste, según la tradición, una parte del examen de todos los Conservatorios? Toque Ud. todos los temas de las nueve sinfonías de Beethoven que recuerde. Beethoven! Ludwig van . . .

P. L.
Pero vamos a ver, ¿es que a Ud. no le gusta?

L. B.
¿No gustarme? Todo lo contrario. Soy un fanático de Beethoven; por eso me ha chocado tanto su observación. Yo venero a Beethoven. Pero me gustaría saber por qué les está vedada a los demás la primera fila como por una ley no escrita. No es que proteste, sino que me pregunto solamente por qué no Bach, Mozart, Mendelssohn, Schumann . . .

H. M.
¿Chicle . . .?

P. L.
Yo creo que eso se debe ala . . ., o quizás más bien a ciertos rasgos, bueno, es decir, si se considera todo el . . .

L. B.
¿Ve Ud.? No hay ninguna respuesta.

P. L.
Demonio, porque es el mejor! Por eso. Tenemos que ser sinceros: Beethoven es el mayor compositor que ha existido nunca.

L. B.
(Que piensa lo mismo, pero que a causa de una educación talmúdica, siempre pide pruebas): ¿Cree Ud.? ¿Puedo pedirle que pruebe parte por parte, esa atrevida afirmación?

P. L.
Con mucho gusto. Pero ¿cómo?

L. B.
Tomemos uno tras otro cada uno de los elementos de la música: melodía, armonía, ritmo, contrapunto, orquestación. Y veamos qué tal es en cada uno de ellos nuestro amigo. ¿No le parece a Ud. un método leal?

P. L.
Sí, sí, ya lo creo. Así pues, melodía . . .Melodía, ¡Dios bendito! ¡y qué melodías! El tiempo lento de la Séptima. Qué conmovedor . . .

L. B.
Pero que monótono. Fundamentalmente, como Ud. recordará, esa melodía se limita sin más recursos al Mi mayor . . .

P. L.
Pero lo hace con toda intención, para producir precisamente ese efecto de sombría monotonía parecida a una marcha . . .

L. B.
Concedido. Pero entonces no brilla especialmente por la melodía.

P. L.
Veo que no ha sido un ejemplo feliz. Pero, ¿y el primer movimiento?

L. B.
Podría Ud. intentar silbarlo. (P. L. lo intenta atrevidamente. Se interrumpe. Pausa.)

L. B.
(Divertido): ¿N0 sería mejor que pasáramos a la armonía?

P. L.
Demonio, no! No estoy dispuesto a darme tan pronto por vencido! El . . . el . . . Ya está! El tiempo lento del cuarteto en La menor. ¡Qué perfección! La gratitud del convaleciente, la limpidez del movimiento lento insuperablemente dominado. La . . .

L. B.
¿La melodía?

P. L.
Oh, la melodia, la melodia . . . ¿Qué es en definitiva la melodía? ¿Tiene que ser música de café para merecer ese nombre? Toda sucesión de notas —H. M., ya esté Ud. corriendo otra vez— es una melodía, ¿no?

L. B.
Técnicamente hablando, sí. Pero nosotros estamos hablando de los valores relativos de una melodía comparada con otra. Y en el caso de Beethoven . . .

P. L.
(Bastante decepcionado): Bueno, ahi está siempre la encantadora melodía del final de la Novena: La, la, la . . .

L. B.
¡Por favor! digo yo ahora, ¿no tiene Ud. que reconocer que es mera música de café? ¿0 no?

P. L.
(Con un suspiro): «Cedunt Helvetii». Vayamos a la armonía. Pero, por favor, no olvide Ud. que yo no soy músico de profesión y no me desenvuelvo en los detalles técnicos.

L. B.
Por supuesto, querido poeta. Me basta con limitarme a los tres o cuatro acordes más conocidos de la música occidental, que Ud. indudablemente conoce.

P. L.
Quiere Ud. decir (cantando):
Now the day is over,
Night is drawing nigh;
Shadows of the eee-v’ning . . .

L. B.
Muy bien. Y ahora dígame, ¿qué armonías encuentra Ud. en Beethoven, fuera de eso que acaba Ud. de cantar?

P. L.
Supongo que Ud., L. B., no querrá decir en serio que Beethoven, e1 radical, e1 archi-revolucionario, Napoleón y todo eso . . .

L. B.
Y sin embargo, la partitura de la Quinta rebosa de esos tres antiguos acordes; y lo que a uno 1e asombra es lo que Beethoven ha abusado de ellos . . . Tónica, dominante, tónica, subdominante, dominante . . .

P. L.
Pero cuán impresionantemente!

L. B.
Esa es cuestión enteramente distinta. De lo que hablamos ahora es de la armonía, ¿verdad?

P. L.
Tengo que conceder que la armonía no es precisamente el fuerte de Beethoven. Pero vayamos al ritmo. Ahí sí que no puede Ud. discutirle energía, intensidad, movimiento, empuje . . .

L. B.
Ha capitulado Ud. muy pronto en el frente de la armonía. Porque no puede negársele de todos modos una manera fascinante de manejar esos acordes: las misteriosas pausas, los violentos y repentinos tránsitos de uno a otro tono, los efectos armónicos inesperados, las disonancias enteramente nuevas . . .

P. L.
Pero entonces . . ., ¿de qué parte está Ud.? Yo creo que Ud. habla dicho que su armonía era sosa.

L. B.
Sosa no, pero sí limitada, y por eso menos interesante que las armonías que vinieron después de él. Pero por lo que hace al ritmo, Beethoven fue sin duda un compositor con marcadísimo sentido del ritmo —como Strawinsky, Bizet y Berlioz‘“. Y por eso repito: ¿por qué Beethoven? Son sus ritmos més fascinantes que los de otros compositores? ¿Es que introdujo ritmos nuevos? ¿No mantiene páginas y páginas el mismo motivo, lo mismo que Schubert?, y no se lo martillea a uno hasta hacer perder e1 sentido? Por eso me pregunto una vez más: ¿Por qué está su nombre en el primer lugar?

P. L.
Pero es que no se trata de eso. A nadie se le ocurriría tener a Beethoven como único por sus ritmos, su melodía o su armonía. Es la conexión.

L. B.
¿La conexión de elementos cualesquiera . . .? Difícilmente justificaría eso e1 busto dorado que le ofrecemos en las salas de conciertos. Incluso el contrapunto . . .

H. M.
¿Quiere alguien chicle?

L. B.
. . . es en conjunto bastante rudimentario. Toda su vida se la pasó luchando por escribir una fuga como Dios manda. Con frecuencia, la orquestación deja también que desear, sobre todo en la última época, cuando ya estaba sordo: partes muy accesorias confiadas a las trompetas, que se oyen a kilómetros de la orquesta; les cornos, que repiten sin cesar las mismas notas; la madera, casi sofocada; y pasajes, mas que difíciles, casi asesinos para las voces. A todo eso no podemos cerrar los ojos.

P. L.
(Desesperado): H. M., no quisiera tener que estar recordándole siempre; conducir más moderadamente.

H. M.
Pero hombre, pero hombre, infinitivo sobre infinitivo. . . (Pero disminuye la velocidad).

P. L.
(Casi en cólera —cólera poética, naturalmente): Ahora sí que estallo. Destrozar mi ídolo ante mis propios ojos. Y además, sirviéndose de la música come herramienta, mientras yo tengo que valerme simplemente de la palabra. Ahí está, rodando por el suelo, un hombre enfermo, sordo, escarnecido; profanado por las pretenciosas lenguas de la crítica barata, sin respeto a su genio, a su obra incomparable, a sus revelaciones purísimas, a sus visiones grandiosas, fraternas y divinas! Ahí está: mediano melodista, armonizador de pocos recursos, chapucero del ritmo, orquestador vulgar, contrapuntista del montón! Y ésta es la opinion de un hombre que ha consagrado su vida a la música, cuya misión es levantar el velo de sus secretos! Es incomprensible, sencillamente incomprensible!

(Penoso silencio, parte por deferencia, parte para rendir a la parrafada el merecido tributo.)

L. B.
Tiene Ud. toda la razón, P. L., es incomprensible. Pero sólo mediante ese análisis sistemático podemos llegar a la verdad. Ud. sabe que en el fondo yo he estado de acuerde con Ud. desde el primer memento. No me diferencio en modo alguno de los que dedican e1 busto dorado a ese nombre, a esas sonatas y cuartetos. Pero cuando Ud. ha hablado de las mentafias me he dado cuenta de repente de lo ciego de esa veneración. Y a1 desafiarle a Ud. me estaba pidiendo en realidad cuentas a mi mismo. Y si se ha recuperado Ud. un poco ya, quizás pueda indicarme aún un elemento que hemos pasado por alto en nuestra rápida ojeada.

P. L.
(Un poco mas tranquilo, pero todavía ligeramente amostazado): Melodia, armonía. . . . ¡claro, naturalmente! «Forma»! Se me hubiera debido ocurrir antes. Forma —la verdadera esencia de Beethoven. La viveza de esos magníficos allegros, de esos scherzos perfectos, ese siempre creciente, siempre renaciente . . .

L. B.
¡Cuidado! Esta Ud. volviendo a inflamarse. Y además no coincide por completo con lo que yo entiendo por forma. Voy a intentar explicarlo: Ha habido muchos compositores capaces de escribir encantadoras melodías y fugas admirables. Muchos pueden orquestar de tal modo la escala de Do mayor que suena a obra maestra, o manejar las notas de tal modo que sacan de ellas una novedad armónica. Pero todo ese no es nada, absolutamente nada, comparado con el mágico talento por el que todos luchan: el don inexplicable de saber qué nota tiene que seguir necesariamente a una precedente dada. Beethoven poseyó ese talento con tal plenitud que eclipsa a todos les demás. Cuando se lo proponía, come en la marcha fúnebre de la Heroica, lograba cosas que parecen escritas en el cielo. No es que no le costase trabajo. Bien sabemos con qué tormentos hubo de pagar esas divinas dádivas. Pero e1 premio es inconmensurable. A une le parece como si a esta música le estuviese reservada por la Providencia un puesto especial en el universo.

P. L.
Ahora es Ud. el que se enardece.

L. B.
(Sordo para todo lo que no sea su propia voz): Sin ese don de la infalibilidad, «forma» no es mas que una palabra vacía, una cáscara. Un compositor puede escribir una serie de allegros de sonata perfectamente bien pensados, puede ser fiel a cada regla y a pesar de todo ser formalmente deficiente. Beethoven rompió todas las reglas y creó obras de arrebatadora consecuencia. ¡Consecuencia: esta es la palabra! Cuando se tiene la sensación de que cada nota que sigue a otra es, en este momento y en este contexto, la única acertada, se está oyendo a Beethoven. Melodía, fuga, ritmo . . . son cosas que les dejó sin pena a Tchaikovsky, Hindemith y Ravel. Beethoven está en posesión de los verdaderos valores, de Ios dones celestes, del poder de hacernos sentir por fin que hay algo en el mundo que está bien, que cuadra, y que obedece sin fallas una ley propia en la que podemos confiar ciegamente y que nunca nos traiciona!

P. L.
(Tranquilo): Eso suena casi come una definición de Dios.

L. B.
Esa era mi intención.


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